miércoles, 30 de diciembre de 2009

Claves para la felicidad (según una encina)


Le agradezco a la faringitis vírica de fin de año que me tiene encerrado en casa el descubrimiento de los vídeos de Manuel Segura, responsable del proyecto ajo Y laurel, una auténtica delicia. Pinchad en el siguiente enlace y disfrutad:




Feliz año nuevo a todas y gracias por vuestra fidelidad a este cuaderno de campo durante el 2009.


E.M.E


PS: La foto es de un Dark eyed junco (Junco hyemalis), una especie americana

domingo, 15 de noviembre de 2009

Ratones coloraos


Hay en los bosques, en las maquias y en los sotos un bulle-bulle incesante de latidos, carreras, encuentros, nacimientos y muertes que es a la vez multitudinario y maravillosamente discreto. Esta ebullición vital sólo se hace visible para nuestra erguida especie cuando nos acuclillamos, paramos el reloj y afinamos los sentidos… Sólo entonces puede que encontremos algún indicio de los denominados micromamíferos, una tropa bulliciosa y tímida compuesta por musarañas, musgaños, ratones morunos, caseros, de campo y leonados, lirones caretos…

Despensas, cagarruteros, caracoles y frutos roídos y nidos suelen ser algunas de las señales que delatan a estos animales; cada uno hace sus quehaceres de una manera determinada y las huellas que dejan de su actividad permiten –con un amplio margen de error- saber quién ha roído esta piña o construido aquel nido bajo una piedra.

Aparte del trampeo, la mejor manera de conocer la presencia de una u otra especie en una zona determinada es el análisis de las egagrópilas, unas bolas de pelos y huesos que regurgitan las aves de presa por el pico después de una jornada de cacería. Las egagrópilas de las rapaces nocturnas son auténticos registros de microfauna y en ellas podemos encontrar minúsculos cráneos y mandíbulas que, con ayuda de una buena guía, nos mostraran qué tipo de musaraña o roedor vive en la zona de campeo de la rapaz.

Con lo que queda escrito, parece evidente que el contacto visual directo con alguno de estos pequeños animales es complicado, más aún a plena luz del día. Hace unos cuantos días, sin embargo, el señor Carandell y este naturalista discreto nos cruzamos con un auténtico Ratón colorao a eso de las dos de la tarde.

De los ratones coloraos se dicen que son muy listos, y la gente mayor de pueblo, sobre todo de Andalucía, afirma que son tan listos porque están ahí… pero nadie los ve. En Murcia hay una preciosa tradición que afirma que los ratones coloraos son una especie de duendes con forma de roedor que se dedican a hacer carantoñas y cabriolas delante de los niños pequeños para hacerles reír.

El ratón colorao es, ni más ni menos, que el Ratón de campo (Apodemus sylvaticus), llamado en Cataluña Ratolí de bosc. Lo de colorao viene del pelaje de los ratones adultos, de un característico tono pardorojizo que los distingue del Ratón casero (Mus domesticus), de pelo gris plomo. Cuando son jóvenes, sin embargo, los coloraos presentan el pelaje con tonos grises; para asegurarnos de que se trata de un duende genuino nos fijaremos en los pies y las orejas, más grandes en el colorao, y en la cola, más corta en el ratón casero.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Estramonio


El otro día anduve en Sant Boi del Llobregat por cuestiones de trabajo. También por cuestiones de trabajo bajé a darme una vuelta por las restauradas riberas del Llobregat, a ver (o a “dotorear”, como se diría en Alicante) qué bicherío se removía por la zona. Lo cierto es que la restauración del río está quedando bastante bien, aunque eché un poco en falta más vegetación cerca de la orilla –además de las omnipresentes cañas- aunque es posible que todavía no se haya completado el proyecto (no lo conozco al detalle) y sí se contemple una plantación de sauces y mimbreras o similares en primera línea del agua.

La planta que ilustra este post poco tiene que ver, sin embargo, con los ecosistemas fluviales, ya que es la típica especie que coloniza zonas abandonadas, solares y deslunados (por cierto, qué gracia tienen estas dos palabras, que parecen hacer referencia a los dos astros más importantes de nuestro firmamento y se refieren, no obstante, a lo que se refieren). Originaria de Sudamérica, como muchas otras plantas que pueblan los baldíos ibéricos, el peligroso Estramonio (Datura stramonium) puede casi considerarse una planta autóctona, tanto es el tiempo que llevamos conviviendo con ella.

Se ha escrito mucho sobre el estramonio y su vinculación con la brujería y los aquelarres debido a los potentes efectos alucinógenos que produce la ingestión de algunas de sus partes. Su potencial tóxico es tan fuerte que, con la toma de unos pocos gramos, se puede producir un coma y hasta la muerte del arriesgado consumidor, que antes de cascarla habrá experimentado fuertes alucinaciones.

El estramonio es una solanácea, como también lo es la Belladona y la Mandrágora, igualmente utilizadas por brujas y psiconautas para la producción de estados alterados de conciencia. Otras solanáceas más familiares, como la patata o la berenjena, también tienen su buena dosis de tóxicos, que desaparecen, eso sí, cuando se cocinan.

Con todos sus alcaloides, sus historias de brujas y su misterio, quizá lo más atractivo del estramonio sea su aspecto de planta extraterrestre, con esas flores tubulares, las hojas dentadas y los frutos orlados de espinas. Bueno, y del nombre, para qué hablar…

jueves, 20 de agosto de 2009

Andarríos


Hace algo más de una semana presenté al señor Llopis, a punto de embarcarse para el Himalaya, las excelencias del Delta del Llobregat. Pese a las fechas, el enclave bullía de vida y observamos un buen número de bichos emplumados. Varias familias de Fochas se reunían en las orillas de rieras y charcas, los jóvenes Zampullines hacían las continuas inmersiones que les dan nombre y las Cigüeñuelas no paraban de dar la alarma a quien quisiera escucharlas. En la riera de Sant Climent una Garceta, tensa como una ballesta cargada, vigilaba los fondos arenosos en busca de sus presas. A pocos metros de esta escena de caza hallamos un cadáver de un joven ejemplar de Gaviota patiamarilla y un ejemplar muerto de un pollo volandero de Cigüeñuela. Vida y muerte en directo, todo muy al estilo Okavango.

En el observatorio dels Pollancres pudimos comprobar cómo la canícula se había cebado en la lámina de agua de las marismas, reducida a un extenso fangal donde triscaban una joven Gallineta de agua (especie que hasta hace pocos años recibía el contundente nombre de Polla de agua), un grupito de Correlimos tridáctilos y un elegante ejemplar de Andarríos bastardo.

Algo dijimos ya de los correlimos hace unos meses, y hoy le toca el turno al Andarríos. Personalmente considero a los limícolas todo un desafío a la hora de identificarlos. Soy incapaz de dar un diagnóstico claro en el campo cando se trata de muchas de las especies que forman este gran grupo de aves, por lo que la fotografía digital, aunque sea realizada con una cámara más o menos sencilla como la que llevo siempre que me tiro al monte, me parece una herramienta magnífica. Y así y todo, ya en casa, con la foto ampliada en el ordenador y tres guías en la mesa, la identificación me lleva cierto tiempo.

Por otra parte, andarríos, archibebes, correlimos y otras especies similares, son aves fascinantes, de aspecto grácil pero provistas de una fuerza y resistencia fuera de la común. Casi todos estos pájaros nidifican en las tundras árticas y después migran hacia el África tropical, sorteando distancias enormes y dificultades sin cuento.

Las libreas de muchos limícolas parecen discretas pero, observadas con atención, presentan una complejidad de caligráfica asiática, que debe hacer temblar a los ilustradores de guías ornitológicas. Y si a eso le sumamos que presentan plumajes distintos dependiendo de la edad y época del año…

O sea, que el que se inicie en la identificación de estos animalillos ha de cargarse de paciencia y admitir que lo más probable es que se equivoque (al menos al principio). Pero eso es lo de menos, el afán clasificatorio es un rasgo cultural muy occidental del que a menudo viene bien despojarse para poder disfrutar sin anteojeras de los bichos que pululan a nuestro alrededor. Sólo la percepción de la multiplicidad vital que nos rodea es un regalo gratuito que se nos regala sin pedirlo. Y de eso va este blog.

jueves, 16 de julio de 2009

Psamófilas, las plantas de la playa




"¿Cuál de estas dos plantas es el cardo marino?": esta es la pregunta que nos hacíamos el otro día en el delta del Llobregat los señores Carendell, Alemany y este naturalista discreto. La cuestión se complicaba con el nombre en catalán, ya que, en la vastedad de mi ignorancia, pensaba que una era el Panical marí y la otra el famoso Card marí. Y ahí no acaba todo, porque una de las dos es una planta bastante amenazada en todo el Mediterráneo: o sea, de las que hay que saberse.

Cardo marino, Card marí o Panical marí (Eryingium maritimum) es la planta de la izquierda, de hojas de color verde grisáceo con forma estrellada, la que propiamente parece un cardo, vamos. Según la IUCN (International Union for Conservation of Nature) su situación es poco preocupante.

Zanahoria bastarda, Safanòria marina -en valencià, si algú sap el nom en català que ho digui, si us plau- (Echinophora spinosa) es la planta de la derecha, la que presenta una bonita floración blanca. Según la IUCN su situación es vulnerable.

Ambas plantas son psamófilas, es decir, y recurriendo al griego clásico, amigas de la arena, lo que significa que están perfectamente adaptadas a vivir en un medio tan duro como son las dunas de las playas, donde todo parece impedir el crecimiento de las plantas: la tierra drena el agua dulce rápidamente y, además, está repleta de sal, la insolación es inclemente y las temperaturas son muy elevadas (pensad lo caliente que está la arena en verano!). Pese a su equipo de supervivencia, estas auténticas heroínas del litoral han recibido una buena paliza en las últimas décadas, debido a nuestro empeño por edificar sobre los arenales y sustituir las dunas por paseos de asfalto.

viernes, 26 de junio de 2009

Por allá resopla


Enfrascado como estoy en la lectura de Moby Dick, lo que me he encontrado esta mañana me ha dejado boquiabierto y emocionado. Hay gente que guarda en la parte de atrás del jardín un coche herrumbroso, una bicicleta que no funciona, herramientas sin mango, macetas rotas, pero… ¿mandíbulas de ballena?

Los viejos marinos que merodeaban por el pequeño Museu del Mar de Vilanova no han sabido decirnos ni cuál era la especie a la que pertenecían las mandíbulas ni cuándo varó la ballena que las portaba. Sólo nos han transmitido una desolada queja acerca del desinterés que mostraba la administración pública por el patrimonio que atesora este museo (antiguas barcas, docenas de artes de pesca, armarios repletos de peces disecados, caparazones de tortuga y reproducciones de barcos, entre otras pequeñas joyas) y que se está perdiendo roído por las polillas o deshecho por el sol y la lluvia. Poca gente conoce esta pequeña institución y, salvo los marinos jubilados y sus mujeres, poca gente parece valorarla.


En la lonja del puerto de Vilanova se vendieron el año pasado 3.829.645 kilos de animales marinos que fueron vendidos por trece millones y medio de euros. No sería ninguna barrabasada que se dedicasen unos cuantos miles de eurillos en remozar el museo orientándolo definitivamente a la educación ambiental y aprovechando la experiencia y saberes varios que custodian los pescadores y marinos de Vilanova. Sería como devolverle el favor al mar y a sus gentes.

* * *

Si os acercáis a Vilanova i la Geltrú no dejéis de pasar por el Museu, ubicado en la antigua casa del farero de Sant Cristòfol, y pedidle a la amabilísima señora Àngela que os haga de guía: la visita vale la pena. No os olvidéis de dar las gracias y de comprar una revista del museo.

jueves, 28 de mayo de 2009

Salamandra


A este bello –a mi juicio- anfibio se le han atribuido un buen montón de superpoderes: que su mordedura es peor que la de la víbora, que escupe veneno y fuego, que es inmune a las llamas… Vamos, que podría estar perfectamente en la nómina de la Patrulla X y rebautizarse como Xalamandra o algo así.

A uno, que viene de las resecas tierras del sureste, ver una salamandra supone una auténtica alegría… y si encima se dejar fotografiar como la que posó de manera absolutamente desinteresada para el objetivo de mi cámara… ¡el colmo!

De este animal me fascina que queden ejemplares vivos por los campos, dado lo llamativo de su librea y la velocidad –por llamarlo de alguna manera- con la que se mueve; de hecho, este último factor (la lentitud) no es precisamente un aliado a la hora de cruzar las curvas del Montseny, por lo que no es raro, en primavera y otoño, encontrar salamandras convertidas en vistosas pegatinas sobre el asfalto. Ésta de la foto también tenía vocación suicida, no sólo porque caminaba a su ritmo pachorrón de urodelo despreocupado por una vía asfaltada, sino porque lo hacía, además, a escasos metros de 150 niños en plena ebullición excursionil.

En fin, que con disimulo la dejé en el lugar donde parecía que quería ir, un buen suelo húmedo lleno de hojarasca y lombrices cerca de una charca, donde pudiera escupir fuego a gustito.

viernes, 22 de mayo de 2009

Correlimos


El otro día hicimos una escapada rápida y vespertina a las playas de la Reserva Natural de Remolar y Filipines, en el Delta del Llobregat. Soplaba un poco de Tramontana fresco pero el sol calentaba la piel si conseguías protegerte del viento (no hay nada como tumbarse detrás del espigón). Mientras nos zampábamos la media piña que nos habíamos llevado como merienda los Correlimos tridáctilos correteaban en un banco de arena cercano formado en la desembocadura de la riera de Sant Climent. Algunos de ellos ya llevaban el peto cobrizo de la parada nupcial… y eso que todavía les queda un largo vuelo hasta la tundra ártica, donde harán su nido. Junto a los correlimos también andaba un Vuelvepiedras, con estupendo plumaje estival e igualmente de paso, ya que se reproduce en las costas del norte de Europa. El festival de aves de la sesión de tarde lo completaron una Gaviota de Audouin, una pareja de Cigüeñuelas, unos cuantos Abejarucos y el canto restallante del Ruiseñor bastardo compitiendo con el rugido ronco del tráfico de aviones del Prat.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Mario


Me pareció mucho más pequeño y viejo de lo que imaginaba. Estaba como hundido en la butaca y respiraba con dificultad. La chaqueta se arrugaba formando pliegues y bolsas alrededor de un cuerpo más flaco de lo que parecía de lejos. Era, ya entonces, un anciano ex fumador que suspiraba por volver al hotel.

Tuve que esperar casi media hora para poder dirigirme a él. Una legión de seguidores se me había adelantado para pedirle dedicatorias, autógrafos o saludarle. Yo lo había leído todo, o casi. Inventario, Montevideanos, La tregua, Primavera con una esquina rota. La muerte y otras sorpresas. Pedro y el capitán.Viglietti estaba en el pasillo del patio de butacas, mirando el barullo que formaba, año tras año, aquel viejo flaco y asmático. La cosa iba así: se anunciaba una actuación, se agotaban las entradas en cuarenta y ocho horas, la tarde de la actuación iba más gente de la que cabía en el aforo del Paraninfo, los que no cabían armaban revuelo fuera, a los de dentro se les erizaban los vellos escuchando a los uruguayos y después el barullo. Un año y otro año y otro. La gente no se cansaba. Las últimas veces se decidió poner pantallas en la calle, fuera de la sala, como si fuera un concierto de los Rolling. No sé a qué acto tenía que invitarle relacionado con los zapatistas chiapanecos. Hola don Mario, dije, y ya no me acuerdo qué más farfullé. No me acuerdo si le di la mano.

lunes, 27 de abril de 2009

... y amarillo a la genista

El otro día la Serralada de Marina, en su vertiente de Santa Coloma, estaba a reventar de genista florida. Las corolas parecían recien estrenadas y el aire bullía de abejorros y mariposas prestos a darse un atracón de néctar. Vi rastros de conejo, descubrimos un pobre Erizo europeo muerto y comprobamos que el poblado ibérico de Puig Castellar seguía en su sitio, cuajado, eso sí de estepa blanca florida. Como el día estaba claro se veían perfectamente la montaña de Montserrat y Sant Llorenç de Munt y el mar reverberaba espléndido desde Montjuïc a Vilassar; sólo la chimenea de la incineradora de Barcelona y la inevtable boina de contaminación y ruido de la ciutat comtal y sus conglomerados vecinos enturbiaban el aire limpio de finales de abril.

La Serralada de Marina son una serie de pequeños cerros que escoltan el mar al norte de Barcelona y por cuyas laderas escalan Badalona, Santa Coloma, Tiana, Montcada i Reixac y Sant Fost de Campsentelles. Está protegida por un Pla Especial que, seguramente, llegó demasiado tarde. Hay mucha urbanización desbocada entre sus robledales de umbría y la parte sur está devastada por dos décadas de incendios forestales. Sin embargo, la recuperación de la sierra se está produciendo, aunque a ritmo pausado: los robledales se regeneran poco a poco en la zona norte de la sierra y en la parte sur, las coscojas van ocupando las laderas quemadas, ayudadas en algún punto por iniciativas de asociaciones locales, como la del centro excursionista de Santa Coloma, que ha recuperado en buena parte la vegetación del Torrent de les Bruixes.

domingo, 26 de abril de 2009

Cigüeñuelas en el Clot de Galvany


Un día de la Semana Santa pasada nos fuimos unos cuantos amigos al Clot de Galvany, en Elche y, aunque el sitio estaba lleno de gente “tomando la mona” (véase foto de cómo estaba el parking), aún así pudimos disfrutar de un buen número de bichos: malvasías, cucharas, silbones, cernícalos, gallinetas, fochas… y cigüeñuelas. La cigüeñuela me gusta porque es un pájaro-garabato, con esas piernas tan finas y aparentemente tan desproporcionadas, y porque es el único animal del que puedo afirmar haber recibido un ataque en toda regla.

No es muy espectacular decir que te ha agredido un pájaro tan grácil, pero lo cierto es que aquella tarde de abril de hace tropocientosmil años el señor Llopis y yo tuvimos que esquivar unas cuantas acometidas de una pareja de cigüeñuelas que pensaban –y estaban en lo cierto-que estábamos demasiado cerca de su nido. Nosotros éramos jóvenes, inconscientes e ignorantes y no se nos podía pasar por la cabeza que en medio del secano sanvincetero, en aquella balsa de riego medio seca donde habíamos ido a buscar escarabajos de agua, pudiera haber una puesta de cigüeñuela. Recuerdo perfectamente los gritos y picados de las aves sobre nuestras cabezas y cómo estuvimos a punto de pisar cuatro huevos perfectamente camuflados en el barro. Cuando nos dimos cuenta de la situación nos fuimos rápidamente del lugar, por supuesto, y descubrimos, además, que aquella balsa abandonada también servía de refugio a un solitario chorlitejo.

El otro día en el Clot las cigüeñuelas mostraban similar humor pendenciero, intentando conjugar su espíritu social para con sus congéneres con su necesidad de intimidad. Aún así, nos pusimos finos a hacerles fotos en sus breves momentos de tranquilidad.

martes, 21 de abril de 2009

Orquídeas de abril

Para que la pequeña maravilla de orfebrería vegetal que se aprecia en la foto pudiera florecer han debido hilarse previamente toda una serie de sucesos extraordinarios. Uno de los más espectaculares es el diseño que no vemos de la flor pero que si tuviéramos capacidad de captar las bandas de luz ultravioleta se nos mostraría como una hembra de algún tipo de insecto, posiblemente una pequeña avispa. Este diseño oculto para los humanos atrajo la primavera pasada a una avispa macho en pleno frenesí reproductor; quizá entrara en juego igualmente un discreto aroma a feromona de avispa hembra. Nuestro excitado macho habría comenzado a copular infructuosamente con la orquídea, consiguiendo pocos éxitos en el terreno fecundador pero llevándose con él un par de nuevas antenas: los polinios de la orquídea, una especie de bastoncillos donde la planta guarda el polen que atesora su carga genética, desprendidos del ginostemo gracias a los movimientos del invertebrado.

Nuevo suceso extraordinario: el astado macho será engañado nuevamente por otra orquídea de la misma especie, justo en el momento en el que los polinios, que hasta entonces ocupaban erectos la cabeza del insecto, se curvan lo suficiente para que descarguen el polen en el estigma de la nueva flor.

En cuanto la orquídea es fecundada, la flor comienza a marchitarse y los óvulos contenidos en el ovario de la flor se transforman en una cápsula que, al secarse, libera su contenido de semillas. Miles de semillas microscópicas serán transportadas por el viento que las irá dejando, al azar, aquí y allá. Lamentablemente, las semillas de la orquídea son tan pequeñas que no cuentan ni siquiera con endospermo, es decir, el tejido nutritivo usado como alimento por el embrión de la planta. Sin este tejido especial la planta no puede desarrollar ni raíces ni sus primeras hojas, indispensables para el crecimiento. Y aquí sucede un nuevo prodigio.

Si nuestra semilla microscópica cae en un suelo colonizado por hongos del tipo Rhizoctonia, éstos no tardan en invadir la semilla, disolviendo con sus enzimas la dura cáscara que envuelve el embrión de la orquídea. Es en este momento cuando aquél sale de su estado de latencia y absorbe del hongo las sustancias que éste crea como materia de rechazo. La semilla, con estos aportes de nutrientes, irá creando unos filamentos que, a corto plazo, formarán las partes subterráneas de la orquídea. El hongo invade rápidamente estos órganos, de los que obtendrá nutrientes que él por si mismo no puede conseguir. Se habrá establecido entonces una bonita –permítaseme el adjetivo- relación simbiótica.

Después vendrán las lluvias templadas de abril cayendo sobre los suelos de la sierra de Biar…


PS: Probablemente una de las orqídeas (la que aparece el ejemplar entero) sea una Ophrys fusca, o algunas de sus subespecies... Soy discreto, no me atrevo a afinar tanto y a la espera estoy de que una voz autorizada confirme la clasificación. La otra, la que aparece de perfil, probablemente sea una Ophrys tenthredinifera.

martes, 7 de abril de 2009

La flor del Viernes Santo


Sin ponernos la coroza ni darnos en la espalda con un latiguillo de tres colas nos vamos de Semana Santa. Y lo hacemos con esta pequeña maravilla que en Catalunya llaman Buixol, Rosella de Bosc o Flor de divendres Sant y que en castellano recibe nombres como Anémona de los Bosques o Ranúnculo blanco. Su nombre científico no es menos evocador: Anemone nemorosa, es decir, por una parte el griego anemonos (viento) y por otra un derivado del latín nemos (bosque); la denominación hace clara referencia, como no podía ser de otra manera, tanto a la forma de dispersión de semillas del género como al hábitat de la especie… (Y uno se pregunta ¿y por qué Linneo, que tan fino hiló con la Anémona de los Bosques le hizo esa trastada –seamos finos- al Arrendajo poniéndole el nombre científico de Garrulus glandarius?).

Las flores de la foto tapizaban la semana pasada el hayedo aún sin hojas de Santa Fe del Montseny, lugar que afortunadamente frecuento por motivos laborales. Se trata de una planta herbácea de no más de quince centímetros de altura que puede llegar a tapizar buenas superficies de bosque, generalmente aquél que se desarrolla en suelos silíceos y cuyas especies principales son robles albares o hayas, como es, precisamente, el caso de una parte no pequeña del Montseny. Para este naturalista discreto poco avezado en flora eurosiberiana –gracias señor Molina!-, el hallazgo de esta flor (por lo demás muy común en el todo el tercio norte) bajo la llovizna de una gélida mañana primaveral fue todo un pequeño gran descubrimiento.

Por cierto, y para los amigos y amigas de Castellón, que supongo ya lo sabrán: el punto más meridional de distribución de esta especie es el Penyagolosa (qué no tiene esa montaña gloriosa, señores).

domingo, 8 de marzo de 2009

La reina de los halcones



Leonor de Arborea fue una poderosísima jueza de la isla de Cerdeña que nació en 1347 y murió víctima de una epidemia de peste en 1404. El título de jueza es engañoso, porque esta señora fue, de facto, la gobernante de la gran isla mediterránea. Luchó durante cuatro años contra la corona Catalano-aragonesa, en aquella época una auténtica potencia del Mare Nostrum, y logró que el reino ibérico se plegara a sus condiciones antes de firmar la paz.
Si la traemos a colación aquí no es por su maña político-militar, sino porque fue una de las primeras mandatarias interesadas en el patrimonio natural. Promulgó leyes para la preservación de los espectaculares bosques sardos e igualmente redactó códigos para proteger las aves rapaces. Nuestro grácil y viajero Halcón de Eleonor (en catalán Falcó de la Reina), que todos los años hace un viajecito de Madagascar al Mediterráneo -o viceversa-, lleva de apellido el nombre de esta gran dama.

sábado, 7 de marzo de 2009

Mujeres

En conversaciones mantenidas con compañeros de trabajo ha salido a relucir, en alguna que otra ocasión, el tema de la aparente escasa dedicación el género femenino en cuanto a la historia natural –y disciplinas afines- se refiere. Así, alguno de mis compañeros llego a afirmar que, si bien existe un cierto número de tituladas en biología, ciencias ambientales y estudios similares, el interés de estas mujeres por el mundo vivo –afirmaba mi compañero- decaía y hasta finalizaba si los novios o parejas de estas señoras no eran, por así decirlo, del gremio. Expresado de otra manera: que si se quiere encontrar naturalistas íntegros y de verdad dedicados al estudio y disfrute de la naturaleza, no hemos de cansarnos en buscarlos en el género humano mayoritario (el femenino).

Y es que la no acabada batalla contra la discriminación de nuestras compañeras de especie tiene numerosos frentes abiertos, frentes que discurren en paralelo pero que, en la mayoría de los casos, tienden a cruzarse, confundirse y hasta fundirse para crear otro nuevo.

Aparte de lo reiterativo que resulta escribir que las mujeres, debido a la cultura patriarcal todavía imperante en nuestras latitudes, se han subido a la locomotora de la formación académica no hace ahora ni cien años, resulta cuanto menos injusto no esforzarse “una miaja” para comprobar que mujeres naturalistas las hubo y las hay y no en escaso número, por cierto, pese a los gigantescos impedimentos sociales, culturales y hasta psicológicos que han ido socavando su camino.

Es más, rebuscando en la memoria, no sólo encuentro señoras renombradas en lo naturalístico, sino que, si amplío el enfoque hacia el mundo de la conservación y sensibilización ambiental, lo que hallo son, a mi entender, lo mejor que ha dado el ser humano en cuanto a tenacidad, capacidad de sacrificio y efectividad. A bote pronto se me ocurren Diane Fossey, Rachel Carson, Lee Durrell, Jane Goodall, Petra Kelly…

Reconozco que este naturalista discreto también ha caído en la trampa de sólo ver la mitad del cuadro, como bien demuestro, nada más y nada menos, en mi primer post, cuando sólo cito nombres masculinos en mi lista de insignes naturalistas…


Foto de Peter Veit