miércoles, 6 de enero de 2010

Caprifoliáceas (I)


La familia de las caprifoliáceas es pequeña pero jugosa; en ella se encuentran algunas de las especies más carismáticas del bosque Mediterráneo, como las madreselvas, el durillo o el saúco. Y digo carismáticas porque caen bien a todo el mundo: presentan floraciones espectaculares, duraderas y aromáticas (ideales para los lepidópteros ninfálidos), proporcionan apetitosos frutos para los animalillos del bosque y son, además, de fácil cultivo, por lo que son muy apreciadas en jardinería.

La madreselva de la foto es la Lonicera implexa, también conocida como Zapatillas, Xuclamel o Lligabosc; este último nombre en catalán le viene como anillo al dedo, ya que se trata de una planta que forma parte del estrato lianoide, como la Rubia o la Hiedra, y con sus ramas sarmentosas parece ir hilando el bosque y enmarañándolo. Las madreselvas son, de hecho, una especie capital en lo que se denomina “orla” del bosque, un tipo de formación arbustiva que crece que en los márgenes de los bosques, o en los claros de éstos, y que hace de colchón ante posibles agresiones al ecosistema forestal al crear una maraña impenetrable de espinas, sarmientos y ramillas. La orla proporciona un refugio inmejorable a numerosos animales, a la vez que constituye una auténtica despensa de frutos durante los meses de otoño e invierno.

A la Lonicera implexa también se la llama Madreselva mediterránea, y es muy parecida a la Lonicera etrusca, de la que se diferencia por las brácteas, que en la implexa forman una cazoleta muy característica (y que se aprecia bien en la foto).

La madreselva remojada que ilustra el post posó para la cámara en el Parc de la Serralada de Marina, en el término de Tiana.
FOTO: E.M.E (CC)

domingo, 3 de enero de 2010

El patio de mi casa...


El invierno ha traído a la ciudad un buen montón de pájaros invernantes, algunos de los cuales, para nuestro deleite, se posan de vez en cuando en nuestro patio. Por ahora tenemos como visitantes casi diarios un petirrojo (Erithacus rubecula), dos mirlos (Turdus merula)-uno de ellos muy jovencito-, una lavandera blanca (Motacilla alba), una curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala)y un colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros). Una pareja de urracas (Pica pica) tiene querencia por la illa donde está situada nuestra vivienda, pero todavía no han bajado al patio o, al menos, no las hemos visto.

Estamos intentando fidelizar alguna de estas aves colocando estratégicamente semillas y fruta pero por ahora sólo un mirlo se ha acercado a curiosear en torno a unas manzanas.