sábado, 26 de marzo de 2011

Vida salvaje en las paredes del patio (I): Cimbalaria la Bella

El patio de nuestra casa no tiene nada de particular, aunque nos regala afortunadas convivencias con lo espontáneo-salvaje en pleno centro de una ciudad con más de dos millones de habitantes.

La delicada arquitectura vegetal de la Cimbalaria, también llamada Picardía, Palomilla de muro o Velo de la Virgen (Cymbalaria muralis) muestra desde hace poco más de un mes una bella y diminuta floración a la que todavía no hemos podido ver acercarse ningún polinizador. Esta hierba rastrera, que en casa brota con facilidad en las grietas más bajas de las paredes del patio, tiene la facultad de que el tallo floral, si bien en un primer mometo busca la luz del sol, cuando la planta ya está fertilizada busca las zonas de sombra, es decir, la grieta de la que salió, para que las nuevas semillas tengan más oportunidades de germinar.


Según Margarita Parés i Rifà, autora de la Guia de natura de Barcelona, la Cimbalaria fue introducida en la Península hace siglos como planta ornamental, teniéndose constancia de su uso en jardines alemanes durante el siglo XVI. Lo cierto es que su pequeño tamaño (apenas levanta cinco centímetros del suelo), su tolerancia a la sombra y su evidente belleza la harían ideal como planta de interior.


Nosotros, por ahora, dejamos que se desmelene por los muros de la casa.