domingo, 20 de febrero de 2011

Sin ojos, sin corazón


Podrían ser los colmillos de alguna fiera marina, pero son los restos externos de un par de Dentalium vulgare, conocidos como Dientes de elefante o Ullals, un tipo de molusco perteneciente a los escafópodos (literalmente "pie-bote", en griego) que vive semienterrado en la arena desde la orilla del mar hasta en fondos fangosos de más de 4000 metros de profundidad.

Este resto en forma de incisivo protege a un animalillo blando y diminuto, equipado con unos delicados captáculos (unos apéndices parecidos a los tentáculos) que rodean una boca -o rádula- con cinco dientes. Los captáculos son muy sensibles y con ellos el Dentalium atrapa sus microalimentos. No hay ojos en este curioso invertebrado ni tampoco un corazón propiamente dicho, las funciones que en otros animales cumple este órgano son realizadas por un saco membranoso.

Los caparazones de esta misteriosa bestia bentónica los encontramos hace unos días en la concurrida playa de la Barceloneta, pero los turistas pueden estar tranquilos, el Dentalium jamás ha atacado a ningún ser humano y si esto ocurriera... bueno, con poco más de dos centímetros de longitud, dudo que nuestro Ullal saliera ganando.

FOTO: E.M.E

jueves, 3 de febrero de 2011

Una cama de serrín

Quizá sea el Pito real (Picus viridis) el más adaptable de nuestros pájaros carpinteros. Podemos oir su característico relincho tanto en un espeso robledal norteño como en una descarnada rambla meridional. Y hemos dicho oir porque verlos es más complicado: probablemente atisbaremos su vuelo ondulado con el rabillo del ojo, cuando ya su griterío estridente ha advertido a toda la fauna del monte que acabamos de comenzar nuestro paseo. Observarlo posado, escarbando en un hormiguero o picando el tronco de algún árbol no es fácil, se requiere paciencia y silencio. Es espantadizo y tímido, pero, paradójicamente, muy fiel a su teritorio, siendo comunes las sucesiones de generaciones de la misma familia en la misma zona.

La pareja de Pitos reales que decide fundar una familia se pone a taladrar árboles sobre el mes de abril. En el tronco elegido finalmente - pueden hacer pruebas en varios árboles- realizan un agujero considerable al que después sigue un túnel hacia abajo que puede superar los 50 centímetros de longitud. El final del túnel queda acolchado por el serrín y las virutas de los trabajos en la madera del árbol; sobre este lecho nacerán de 5 a 8 polluelos y ahí se pasarán unos veinte días, engordando a base de una dieta de invertebrados (principalmente hormigas).

Una de las cosas buenas de estos nidos es que pueden ser reutilizados por otros animales A los pitos reales no les gusta repetir agujero, circunstancia que aprovechan otras aves, como mochuelos o gorriones, para sacar adelante sus nidadas en estos hogares abandonados. Ardillas, lirones caretos y lagartos ocelados también pueden ocupar el antiguo hogar de los pitos. En el almendro horadado que acompaña este post, las nuevas arrendatarias fueron las avispas, que habían construido dentro del agujero un enorme y hermoso nido de papel.