jueves, 28 de mayo de 2009

Salamandra


A este bello –a mi juicio- anfibio se le han atribuido un buen montón de superpoderes: que su mordedura es peor que la de la víbora, que escupe veneno y fuego, que es inmune a las llamas… Vamos, que podría estar perfectamente en la nómina de la Patrulla X y rebautizarse como Xalamandra o algo así.

A uno, que viene de las resecas tierras del sureste, ver una salamandra supone una auténtica alegría… y si encima se dejar fotografiar como la que posó de manera absolutamente desinteresada para el objetivo de mi cámara… ¡el colmo!

De este animal me fascina que queden ejemplares vivos por los campos, dado lo llamativo de su librea y la velocidad –por llamarlo de alguna manera- con la que se mueve; de hecho, este último factor (la lentitud) no es precisamente un aliado a la hora de cruzar las curvas del Montseny, por lo que no es raro, en primavera y otoño, encontrar salamandras convertidas en vistosas pegatinas sobre el asfalto. Ésta de la foto también tenía vocación suicida, no sólo porque caminaba a su ritmo pachorrón de urodelo despreocupado por una vía asfaltada, sino porque lo hacía, además, a escasos metros de 150 niños en plena ebullición excursionil.

En fin, que con disimulo la dejé en el lugar donde parecía que quería ir, un buen suelo húmedo lleno de hojarasca y lombrices cerca de una charca, donde pudiera escupir fuego a gustito.

viernes, 22 de mayo de 2009

Correlimos


El otro día hicimos una escapada rápida y vespertina a las playas de la Reserva Natural de Remolar y Filipines, en el Delta del Llobregat. Soplaba un poco de Tramontana fresco pero el sol calentaba la piel si conseguías protegerte del viento (no hay nada como tumbarse detrás del espigón). Mientras nos zampábamos la media piña que nos habíamos llevado como merienda los Correlimos tridáctilos correteaban en un banco de arena cercano formado en la desembocadura de la riera de Sant Climent. Algunos de ellos ya llevaban el peto cobrizo de la parada nupcial… y eso que todavía les queda un largo vuelo hasta la tundra ártica, donde harán su nido. Junto a los correlimos también andaba un Vuelvepiedras, con estupendo plumaje estival e igualmente de paso, ya que se reproduce en las costas del norte de Europa. El festival de aves de la sesión de tarde lo completaron una Gaviota de Audouin, una pareja de Cigüeñuelas, unos cuantos Abejarucos y el canto restallante del Ruiseñor bastardo compitiendo con el rugido ronco del tráfico de aviones del Prat.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Mario


Me pareció mucho más pequeño y viejo de lo que imaginaba. Estaba como hundido en la butaca y respiraba con dificultad. La chaqueta se arrugaba formando pliegues y bolsas alrededor de un cuerpo más flaco de lo que parecía de lejos. Era, ya entonces, un anciano ex fumador que suspiraba por volver al hotel.

Tuve que esperar casi media hora para poder dirigirme a él. Una legión de seguidores se me había adelantado para pedirle dedicatorias, autógrafos o saludarle. Yo lo había leído todo, o casi. Inventario, Montevideanos, La tregua, Primavera con una esquina rota. La muerte y otras sorpresas. Pedro y el capitán.Viglietti estaba en el pasillo del patio de butacas, mirando el barullo que formaba, año tras año, aquel viejo flaco y asmático. La cosa iba así: se anunciaba una actuación, se agotaban las entradas en cuarenta y ocho horas, la tarde de la actuación iba más gente de la que cabía en el aforo del Paraninfo, los que no cabían armaban revuelo fuera, a los de dentro se les erizaban los vellos escuchando a los uruguayos y después el barullo. Un año y otro año y otro. La gente no se cansaba. Las últimas veces se decidió poner pantallas en la calle, fuera de la sala, como si fuera un concierto de los Rolling. No sé a qué acto tenía que invitarle relacionado con los zapatistas chiapanecos. Hola don Mario, dije, y ya no me acuerdo qué más farfullé. No me acuerdo si le di la mano.