lunes, 9 de junio de 2014

Vallvidrera: El Pantano encantado

La jabalina y sus rayones
Casi recién bajados del tren una pareja nos comentaba emocionada que una jabalina con sus rayones merodeaba por la zona del merendero que hay junto a la Casa del Guarda del Pantà. Nos acercamos en silencio y allí estaban, hozando en la gravilla, a la búsqueda de a saber qué... Los observamos a placer a una distancia prudencial hasta que los ladridos de un perro que pasaba cerca hicieron que mamá jabalí gruñera en nuestra dirección de una manera ciertamente... asertiva. 

El Jabalí es una especie matriarcal. La vida social se organiza alrededor de una hembra que cuida y lidera una manada compuesta por los rayones del año, crías de años anteriores y varias hembras jóvenes; los machos adultos y subadultos hacen su vida de forma satélite alrededor de estos grupos familiares.

La jabalina es una madre dedicada y cuidadosa. Llegada la época de la reproducción construye una cámara de cría con paredes y cobertura hechas de ramas y con un lecho de vegetación más mullido preparado con ramitas trituradas por ella misma. Antes, habrá elegido el mejor lugar del bosque, bien orientado, frondoso y cercano a puntos de agua.

Hembra de Ánade real

Después del encuentro con la familia jabalí bajamos a la orilla del pantano y en cuanto nos sentamos a almorzar, se nos acercó una hembra de Azulón (Ànec collverd, Anas platyrhynchos) dispuesta a recoger las migas que se nos cayeran al agua. En la orilla opuesta otras dos hembras de la misma especie de ánade conducían por el agua a una docena de patitos. Sobre nosotros, entre las ramas de los pinos y encinas se columpiaban, piaban, cantaban y graznaban urracas, tórtolas turcas, herrerillos capuchinos, carboneros, agateadores, mirlos, arrendajos, estorninos y palomas torcaces. Un Zampullín chico relinchó entre los juncos. Las tortugas de Florida sesteaban al sol sobre los troncos semisumergidos.

 




A punto de volver, nos paramos a contemplar una mariposa Macaón (Papilio machaon) a la que le faltaba un trozo de una de las alas. 


El Pantano de Vallvidrera está a veinte minutos en tren del centro de Barcelona. Recibe centenares de visitantes cada fin de semana y, sin embargo, no se puede negar que es un lugar único, cercano y accesible,  para contemplar episodios magníficos de vida silvestre mediterránea.