domingo, 8 de marzo de 2009

La reina de los halcones



Leonor de Arborea fue una poderosísima jueza de la isla de Cerdeña que nació en 1347 y murió víctima de una epidemia de peste en 1404. El título de jueza es engañoso, porque esta señora fue, de facto, la gobernante de la gran isla mediterránea. Luchó durante cuatro años contra la corona Catalano-aragonesa, en aquella época una auténtica potencia del Mare Nostrum, y logró que el reino ibérico se plegara a sus condiciones antes de firmar la paz.
Si la traemos a colación aquí no es por su maña político-militar, sino porque fue una de las primeras mandatarias interesadas en el patrimonio natural. Promulgó leyes para la preservación de los espectaculares bosques sardos e igualmente redactó códigos para proteger las aves rapaces. Nuestro grácil y viajero Halcón de Eleonor (en catalán Falcó de la Reina), que todos los años hace un viajecito de Madagascar al Mediterráneo -o viceversa-, lleva de apellido el nombre de esta gran dama.

sábado, 7 de marzo de 2009

Mujeres

En conversaciones mantenidas con compañeros de trabajo ha salido a relucir, en alguna que otra ocasión, el tema de la aparente escasa dedicación el género femenino en cuanto a la historia natural –y disciplinas afines- se refiere. Así, alguno de mis compañeros llego a afirmar que, si bien existe un cierto número de tituladas en biología, ciencias ambientales y estudios similares, el interés de estas mujeres por el mundo vivo –afirmaba mi compañero- decaía y hasta finalizaba si los novios o parejas de estas señoras no eran, por así decirlo, del gremio. Expresado de otra manera: que si se quiere encontrar naturalistas íntegros y de verdad dedicados al estudio y disfrute de la naturaleza, no hemos de cansarnos en buscarlos en el género humano mayoritario (el femenino).

Y es que la no acabada batalla contra la discriminación de nuestras compañeras de especie tiene numerosos frentes abiertos, frentes que discurren en paralelo pero que, en la mayoría de los casos, tienden a cruzarse, confundirse y hasta fundirse para crear otro nuevo.

Aparte de lo reiterativo que resulta escribir que las mujeres, debido a la cultura patriarcal todavía imperante en nuestras latitudes, se han subido a la locomotora de la formación académica no hace ahora ni cien años, resulta cuanto menos injusto no esforzarse “una miaja” para comprobar que mujeres naturalistas las hubo y las hay y no en escaso número, por cierto, pese a los gigantescos impedimentos sociales, culturales y hasta psicológicos que han ido socavando su camino.

Es más, rebuscando en la memoria, no sólo encuentro señoras renombradas en lo naturalístico, sino que, si amplío el enfoque hacia el mundo de la conservación y sensibilización ambiental, lo que hallo son, a mi entender, lo mejor que ha dado el ser humano en cuanto a tenacidad, capacidad de sacrificio y efectividad. A bote pronto se me ocurren Diane Fossey, Rachel Carson, Lee Durrell, Jane Goodall, Petra Kelly…

Reconozco que este naturalista discreto también ha caído en la trampa de sólo ver la mitad del cuadro, como bien demuestro, nada más y nada menos, en mi primer post, cuando sólo cito nombres masculinos en mi lista de insignes naturalistas…


Foto de Peter Veit