miércoles, 16 de noviembre de 2016

Crónica espasmódica de otoño. Segunda parte: Plátanos


Barcelona está llena de plátanos, un árbol agradecido donde los haya. Crece muy rápido y muy alto, protege del sol en verano y deja pasar la luz en invierno, marca el paso de las estaciones para nosotras, las huestes urbanitas y nos amansa por ende la contaminación y el ruido del tráfico.

Se les ha hibridado y clonado desde hace mucho -pero que mucho- tiempo para dar sombra a calles, jardines, caminos y espacios agrícolas. Se cree que provienen del Mediterráneo oriental, pero me da a mí que nadie lo sabe con seguridad. Quizá porque no hace falta saberlo. 

No encontraremos bosques de plátanos espontáneos, "naturales", pero hay zonas donde se favoreció su crecimiento por diversos motivos y que hoy en día ofrecen un espectáculo vivo en el que merece la pena perderse, como en la zona de Gallecs, entre Mollet y Parets. Ir en otoño es muy recomendable.

Pedaleando entre plátanos
De las cosas que me gustan de los plátanos está su capacidad de acogida. Tiene este árbol propensión a producir cavidades en su tronco (principalmente por la acción de hongos) y estos huecos se convierten en muchas ocasiones en viveros de otras especies, que crecen bajo la protección del gigante y alimentándose de la materia orgánica que se acumula en esas oquedades.
 
Una hiedra asoma las hojas
Un brinzal de roble creciendo en uno de los huecos de un plátano

Ni que decir tiene que estos agujeros también ofrecen refugio a muchas aves. Sólo en Barcelona he visto anidar en estos huecos a Gorrines comunes y gorrines molineros, Carboneros, Herrerillos, Estorninos negros, Palomas domésticas y Cotorras de Krámer

Pero estos gigantes hospitalarios tienen un interior tierno e inestable -sobre todo cuando viven sometidos al estrés de una gran ciudad- y no es raro que padezcan el "ataque" de diversos tipos de hongos -entre los cuales la Armellaria- , debilitándose su colosal estructura y cediendo en no pocas ocasiones a la fuerza del viento. Tal fue el caso del plátano que cayó la semana pasada cerca del lugar donde trabajo, arrastrando en su desplome a una farola y aplastando de propina un coche. 

Larga vida a los plátanos. 

9 de noviembre, Un plátano la lía en la calle Llull. Descanse en paz el viejo gigante.



martes, 15 de noviembre de 2016

Crónica espasmódica de otoño. Primera parte: Septiembre


Sigo teniendo un cuaderno de campo analógico, que en los últimos años viene siendo un cuaderno de esos de tapa dura que se cierra con goma... Pero lo cierto es que ahí apunto lo que no fotografío con el móvil, que tiene mejor calidad de imagen y más fácil uso que mi (no tan) vieja cámara de fotos. Y hago muchas fotos. La NSA y Google me deben conocer hoy día mejor que mi madre. En fin.

No puedo apuntar nada original del otoño en general ni de éste en particular que no sepáis. He estado tentado de explicar que las hojas de los árboles se caen por la falta de luz, no por el frío, a la tercera vez de oírlo en las noticias. Pero puede que yo me equivoque.

Sólo puedo aportar la visión de este naturalista discreto a través del visor de su móvil de segunda mano. Y luego lanzarlo a la red por tenerlo en algún sitio, por el pequeño placer de releerlo y re-verlo, por la pequeña vanidad de que a alguien le interese. En la inmensidad de la reeeed...

Recién estrenada la estación , el 25 de septiembre,  Manuel y su padre (el que esto escribe), nos fuimos con las bicis debajo de nuestros culos a rodar por El Prat y allí, en el Parc Nou, fuimos testigos de una ENORME concentración de Vencejos reales (Tachymarptis melba, Ballester en català) que debía rondar fácilmente entre los 3000 y los 5000 ejemplares - y yo tengo un margen de error en conteo pajarero de casi un 30% a la baja (!)-. Nunca había visto nada igual, oye, quitando las concentraciones de Milanos y Abejeros en Tarifa.

Una pequeña parte de la nube de Vencejos reales que volaba sobre el Prat el 25 de septiembre

Es otoño claro, y salen setas por estas latitudes a la mínima que llueva. Y entre el calor que hacía y un par de noches que llovió a mediados de septiembre... el parterre de enfrente de casa, en pleno centro de Barcelona, se cuajó de sombreritos. Creo que eran Coprinus fimetarius (gracias por el apunte Davidacho!) aunque puedo estar totalmente equivocado. Si alguien sabe a ciencia cierta que son...que comparta su saber, por favor!


Ahí, creciendo entre la grama, el nitrógeno atmosférico y la mirada del vecindario