miércoles, 22 de septiembre de 2010

La ballena alada

A los guardas de la Reserva Marina del Parque Natural del Montgó se les debió acelerar (mucho) el corazón cuando contemplaron aquella mole salir del agua y romper con un estallido atronador la superficie del mar al volver a caer. Quince metros y treinta toneladas de espectáculo animal: las yubartas nos han vuelto a visitar.

La noticia salió -ilustrada con la foto que ilustra el post- en el diario Información de Alicante. Dos ballenas yubartas (Megaptera novaeangliae), también conocidas como Ballenas jorobadas o Jibartes, pasaron a poco menos de un kilómetro de las concurridas playas de Jávea.

La noticia tiene su miga, ya que son muy raras las citas de esta especie en las costas ibéricas ( tres citas hasta 2005 -en el mar de Alborán, Menorca y la Costa Brava-, un jibarte extraviado este agosto en el puerto de Algeciras...). Esta preciosa ballena está catalogada a nivel estatal como en Peligro de Extinción y, a nivel global, se estima que quedan unos 34.000 individuos, un número bastante aceptable, teniendo en cuenta que entre 1904 y 1983 la industria ballenera arponeó a 200.000 yubartas.

Nuestra amiga jorobada es el misticeto (ballena con barbas) que posee las aletas pectorales más largas -casi un tercio de su longitud total-, rasgo que explica la primera parte de su nombre en latín, Megaptera. Su actitud confiada y juguetona, sus espectaculares saltos y su peculiar y bello canto la han hecho una de las estrellas de los amantes de los mamíferos marinos. Que vengan a dar unas brazadas por nuestras costas -tan a trasmano de sus oceános habituales- es como para emocionarse.


sábado, 11 de septiembre de 2010

Abejarucos

Ayer por la tarde pasó un pequeño bando de Abejarucos (Merops apiaster) sobre nuestra calle. Como siempre, antes de verlos los hemos oído. La dirección de vuelo: el sur, hacia el Estrecho de Gibraltar. Hace apenas seis meses pasó un bando en dirección contraria, exactamente el 25 de abril; otro lo hizo el 2 de mayo. Y en estos escasos 180 días que separan la travesía de la venida de la del retorno cada pareja habrá sacado 6 ó 7 pollos de precioso colorido en una carrera a contrarreloj marcada por la cantidad de horas-luz y la abundancia de insectos. Ahora que los días ya declinan definitivamente, todas las aves migratorias se afanan en cruzar el Mediterráneo antes de que la ausencia de luz y calor haga caer en picado la disponibilidad de presas.

Los abejarucos son animales extraordinarios, además de su característico colorido, único entre el pajarerío ibérico, se trata de una de las pocas aves que realiza cría en cooperación, es decir, que otros individuos que no son los progenitores ayudan a alimentar a los polluelos, circunstancia que propicia nidadas sanas y muy numerosas. En nuestras tierras, además del Abejaruco, sólo la Gallineta de agua, el Mito y el Acentor común muestran este comportamiento cooperativo.

Por otra parte, es bien conocida la habilidad de los abejarucos –como bien apunta su nombre- para cazar abejas, abejorros y avispas, a los que extraen el aguijón antes de ingerirlos. Esta destreza no está respaldada por ninguna resistencia física especial a las picaduras, más allá del peculiar diseño del pico, que aleja de los ojos el aguijón y sus peligrosas histaminas.

La migración de los abejarucos hacia África comenzó en julio, pero son las dos primeras semanas de septiembre las que concentran los mayores contingentes de coloridos viajeros en plena travesía. En esta época no son raras las observaciones de grandes bandos de entre 20 y 50 aves, con su peculiar vuelo ondulado a media altura y su típico reclamo recitado de manera constante. Y no falla, siempre en dirección Sur.

Nota: Fotografía de Markus Varesvuo