domingo, 13 de junio de 2010

Gorriones, moriscos y piratas



Hace ya unos meses muchos diarios recogieron una de esas noticias que parecen no tener importancia pero, mira tú por donde, todas las agencias la trabajaron en sus redacciones y casi todos los periódicos importantes, blogs y otros medios la transmitieron dedicándole cierto espacio: los gorriones están comenzando a escasear. En algunos lugares de Europa se han dado extinciones locales, como en Londres, donde el pájaro casi ha desaparecido y en algunas zonas de la península Ibérica está en franca regresión.

Con los gorriones pasa como con tantas cosas en la vida, cuando estaban ahí, no se les daba importancia y cuando se hacen más raros se descubre cuánto, en realidad, se les apreciaba, o cómo era de interesante su aspecto o hasta qué punto se habían hecho un hueco en nuestra cotidianeidad.

Entre los gorriones encontramos diferentes tipos, siendo quizás los más comunes el Gorrión común y el Gorrión molinero, con los cuales se podría hacer una adaptación de la famosa fábula protagonizada por un ratón de ciudad y otro de campo y en la cual se trataba el clásico “menosprecio de corte y alabanza de aldea”. El nombre en latín del Gorrión común lo dice todo: Passer domesticus, “pájaro de la casa” y es que no en vano esta avecilla viene acompañando nuestros habitáculos y núcleos urbanos desde el Neolítico. En catalán se le llama al gorrión “Pardal”, sustantivo que también puede ser el genérico de todos los pájaros, mientras que en valenciano recibe el nombre de “Teuladí”, en atinada referencia a la querencia de este animal por los tejados (“teulats”).

El Gorrión molinero (Passer montanus) recibe el nombre de “Pardal xarrec” en Cataluña, teniendo ambas denominaciones claras resonancias harineras. Es el Gorrión molinero de costumbres más rurales, no siendo de extrañar que los antiguos habitantes de los campos ibéricos lo bautizaran así al verlo triscar entre los granos de cereal que molían las ruedas de aquellos artilugios que vencieran al Quijote. El nombre en valenciano de este pájaro, “Teuladí morisc”, también alude a lo rural, pero de una manera indirecta, haciéndonos evocar las montañas valencianas durante los siglos XIV, XV, XVI y XVII, cuando las zonas más agrestes de los campos del Regne estaban habitadas por musulmanes valencianos, desplazados a peores emplazamientos desde las llanuras fluviales tras las conquistas hacia el sur de los reyes de la corona catalano-aragonesa.

En la zona de recepción del Remolar-Filipines, donde está realizada la fotografía que acompaña este texto, conviven amigablemente gorriones comunes y molineros, aunque los primeros nidifican en los tejados de uralita de las pocas construcciones de la reserva mientras que los moriscos prefieren los agujeros de los álamos cercanos al aparcamiento.

Y así, en un vuelo torpón de gurriato, cerramos este post, al final demasiado etimológico hasta para este naturalista discreto, que no se resiste a preguntar a sus pacientes lectores qué terrible profesión ejerce un personaje denominado Santiago Gorrión

Foto: Passer montanus