viernes, 26 de junio de 2009

Por allá resopla


Enfrascado como estoy en la lectura de Moby Dick, lo que me he encontrado esta mañana me ha dejado boquiabierto y emocionado. Hay gente que guarda en la parte de atrás del jardín un coche herrumbroso, una bicicleta que no funciona, herramientas sin mango, macetas rotas, pero… ¿mandíbulas de ballena?

Los viejos marinos que merodeaban por el pequeño Museu del Mar de Vilanova no han sabido decirnos ni cuál era la especie a la que pertenecían las mandíbulas ni cuándo varó la ballena que las portaba. Sólo nos han transmitido una desolada queja acerca del desinterés que mostraba la administración pública por el patrimonio que atesora este museo (antiguas barcas, docenas de artes de pesca, armarios repletos de peces disecados, caparazones de tortuga y reproducciones de barcos, entre otras pequeñas joyas) y que se está perdiendo roído por las polillas o deshecho por el sol y la lluvia. Poca gente conoce esta pequeña institución y, salvo los marinos jubilados y sus mujeres, poca gente parece valorarla.


En la lonja del puerto de Vilanova se vendieron el año pasado 3.829.645 kilos de animales marinos que fueron vendidos por trece millones y medio de euros. No sería ninguna barrabasada que se dedicasen unos cuantos miles de eurillos en remozar el museo orientándolo definitivamente a la educación ambiental y aprovechando la experiencia y saberes varios que custodian los pescadores y marinos de Vilanova. Sería como devolverle el favor al mar y a sus gentes.

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Si os acercáis a Vilanova i la Geltrú no dejéis de pasar por el Museu, ubicado en la antigua casa del farero de Sant Cristòfol, y pedidle a la amabilísima señora Àngela que os haga de guía: la visita vale la pena. No os olvidéis de dar las gracias y de comprar una revista del museo.