domingo 15 de noviembre de 2009

Ratones coloraos


Hay en los bosques, en las maquias y en los sotos un bulle-bulle incesante de latidos, carreras, encuentros, nacimientos y muertes que es a la vez multitudinario y maravillosamente discreto. Esta ebullición vital sólo se hace visible para nuestra erguida especie cuando nos acuclillamos, paramos el reloj y afinamos los sentidos… Sólo entonces puede que encontremos algún indicio de los denominados micromamíferos, una tropa bulliciosa y tímida compuesta por musarañas, musgaños, ratones morunos, caseros, de campo y leonados, lirones caretos…

Despensas, cagarruteros, caracoles y frutos roídos y nidos suelen ser algunas de las señales que delatan a estos animales; cada uno hace sus quehaceres de una manera determinada y las huellas que dejan de su actividad permiten –con un amplio margen de error- saber quién ha roído esta piña o construido aquel nido bajo una piedra.

Aparte del trampeo, la mejor manera de conocer la presencia de una u otra especie en una zona determinada es el análisis de las egagrópilas, unas bolas de pelos y huesos que regurgitan las aves de presa por el pico después de una jornada de cacería. Las egagrópilas de las rapaces nocturnas son auténticos registros de microfauna y en ellas podemos encontrar minúsculos cráneos y mandíbulas que, con ayuda de una buena guía, nos mostraran qué tipo de musaraña o roedor vive en la zona de campeo de la rapaz.

Con lo que queda escrito, parece evidente que el contacto visual directo con alguno de estos pequeños animales es complicado, más aún a plena luz del día. Hace unos cuantos días, sin embargo, el señor Carandell y este naturalista discreto nos cruzamos con un auténtico Ratón colorao a eso de las dos de la tarde.

De los ratones coloraos se dicen que son muy listos, y la gente mayor de pueblo, sobre todo de Andalucía, afirma que son tan listos porque están ahí… pero nadie los ve. En Murcia hay una preciosa tradición que afirma que los ratones coloraos son una especie de duendes con forma de roedor que se dedican a hacer carantoñas y cabriolas delante de los niños pequeños para hacerles reír.

El ratón colorao es, ni más ni menos, que el Ratón de campo (Apodemus sylvaticus), llamado en Cataluña Ratolí de bosc. Lo de colorao viene del pelaje de los ratones adultos, de un característico tono pardorojizo que los distingue del Ratón casero (Mus domesticus), de pelo gris plomo. Cuando son jóvenes, sin embargo, los coloraos presentan el pelaje con tonos grises; para asegurarnos de que se trata de un duende genuino nos fijaremos en los pies y las orejas, más grandes en el colorao, y en la cola, más corta en el ratón casero.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Estramonio


El otro día anduve en Sant Boi del Llobregat por cuestiones de trabajo. También por cuestiones de trabajo bajé a darme una vuelta por las restauradas riberas del Llobregat, a ver (o a “dotorear”, como se diría en Alicante) qué bicherío se removía por la zona. Lo cierto es que la restauración del río está quedando bastante bien, aunque eché un poco en falta más vegetación cerca de la orilla –además de las omnipresentes cañas- aunque es posible que todavía no se haya completado el proyecto (no lo conozco al detalle) y sí se contemple una plantación de sauces y mimbreras o similares en primera línea del agua.

La planta que ilustra este post poco tiene que ver, sin embargo, con los ecosistemas fluviales, ya que es la típica especie que coloniza zonas abandonadas, solares y deslunados (por cierto, qué gracia tienen estas dos palabras, que parecen hacer referencia a los dos astros más importantes de nuestro firmamento y se refieren, no obstante, a lo que se refieren). Originaria de Sudamérica, como muchas otras plantas que pueblan los baldíos ibéricos, el peligroso Estramonio (Datura stramonium) puede casi considerarse una planta autóctona, tanto es el tiempo que llevamos conviviendo con ella.

Se ha escrito mucho sobre el estramonio y su vinculación con la brujería y los aquelarres debido a los potentes efectos alucinógenos que produce la ingestión de algunas de sus partes. Su potencial tóxico es tan fuerte que, con la toma de unos pocos gramos, se puede producir un coma y hasta la muerte del arriesgado consumidor, que antes de cascarla habrá experimentado fuertes alucinaciones.

El estramonio es una solanácea, como también lo es la Belladona y la Mandrágora, igualmente utilizadas por brujas y psiconautas para la producción de estados alterados de conciencia. Otras solanáceas más familiares, como la patata o la berenjena, también tienen su buena dosis de tóxicos, que desaparecen, eso sí, cuando se cocinan.

Con todos sus alcaloides, sus historias de brujas y su misterio, quizá lo más atractivo del estramonio sea su aspecto de planta extraterrestre, con esas flores tubulares, las hojas dentadas y los frutos orlados de espinas. Bueno, y del nombre, para qué hablar…

jueves 20 de agosto de 2009

Andarríos


Hace algo más de una semana presenté al señor Llopis, a punto de embarcarse para el Himalaya, las excelencias del Delta del Llobregat. Pese a las fechas, el enclave bullía de vida y observamos un buen número de bichos emplumados. Varias familias de Fochas se reunían en las orillas de rieras y charcas, los jóvenes Zampullines hacían las continuas inmersiones que les dan nombre y las Cigüeñuelas no paraban de dar la alarma a quien quisiera escucharlas. En la riera de Sant Climent una Garceta, tensa como una ballesta cargada, vigilaba los fondos arenosos en busca de sus presas. A pocos metros de esta escena de caza hallamos un cadáver de un joven ejemplar de Gaviota patiamarilla y un ejemplar muerto de un pollo volandero de Cigüeñuela. Vida y muerte en directo, todo muy al estilo Okavango.

En el observatorio dels Pollancres pudimos comprobar cómo la canícula se había cebado en la lámina de agua de las marismas, reducida a un extenso fangal donde triscaban una joven Gallineta de agua (especie que hasta hace pocos años recibía el contundente nombre de Polla de agua), un grupito de Correlimos tridáctilos y un elegante ejemplar de Andarríos bastardo.

Algo dijimos ya de los correlimos hace unos meses, y hoy le toca el turno al Andarríos. Personalmente considero a los limícolas todo un desafío a la hora de identificarlos. Soy incapaz de dar un diagnóstico claro en el campo cando se trata de muchas de las especies que forman este gran grupo de aves, por lo que la fotografía digital, aunque sea realizada con una cámara más o menos sencilla como la que llevo siempre que me tiro al monte, me parece una herramienta magnífica. Y así y todo, ya en casa, con la foto ampliada en el ordenador y tres guías en la mesa, la identificación me lleva cierto tiempo.

Por otra parte, andarríos, archibebes, correlimos y otras especies similares, son aves fascinantes, de aspecto grácil pero provistas de una fuerza y resistencia fuera de la común. Casi todos estos pájaros nidifican en las tundras árticas y después migran hacia el África tropical, sorteando distancias enormes y dificultades sin cuento.

Las libreas de muchos limícolas parecen discretas pero, observadas con atención, presentan una complejidad de caligráfica asiática, que debe hacer temblar a los ilustradores de guías ornitológicas. Y si a eso le sumamos que presentan plumajes distintos dependiendo de la edad y época del año…

O sea, que el que se inicie en la identificación de estos animalillos ha de cargarse de paciencia y admitir que lo más probable es que se equivoque (al menos al principio). Pero eso es lo de menos, el afán clasificatorio es un rasgo cultural muy occidental del que a menudo viene bien despojarse para poder disfrutar sin anteojeras de los bichos que pululan a nuestro alrededor. Sólo la percepción de la multiplicidad vital que nos rodea es un regalo gratuito que se nos regala sin pedirlo. Y de eso va este blog.

jueves 16 de julio de 2009

Psamófilas, las plantas de la playa




"¿Cuál de estas dos plantas es el cardo marino?": esta es la pregunta que nos hacíamos el otro día en el delta del Llobregat los señores Carendell, Alemany y este naturalista discreto. La cuestión se complicaba con el nombre en catalán, ya que, en la vastedad de mi ignorancia, pensaba que una era el Panical marí y la otra el famoso Card marí. Y ahí no acaba todo, porque una de las dos es una planta bastante amenazada en todo el Mediterráneo: o sea, de las que hay que saberse.

Cardo marino, Card marí o Panical marí (Eryingium maritimum) es la planta de la izquierda, de hojas de color verde grisáceo con forma estrellada, la que propiamente parece un cardo, vamos. Según la IUCN (International Union for Conservation of Nature) su situación es poco preocupante.

Zanahoria bastarda, Safanòria marina -en valencià, si algú sap el nom en català que ho digui, si us plau- (Echinophora spinosa) es la planta de la derecha, la que presenta una bonita floración blanca. Según la IUCN su situación es vulnerable.

Ambas plantas son psamófilas, es decir, y recurriendo al griego clásico, amigas de la arena, lo que significa que están perfectamente adaptadas a vivir en un medio tan duro como son las dunas de las playas, donde todo parece impedir el crecimiento de las plantas: la tierra drena el agua dulce rápidamente y, además, está repleta de sal, la insolación es inclemente y las temperaturas son muy elevadas (pensad lo caliente que está la arena en verano!). Pese a su equipo de supervivencia, estas auténticas heroínas del litoral han recibido una buena paliza en las últimas décadas, debido a nuestro empeño por edificar sobre los arenales y sustituir las dunas por paseos de asfalto.

viernes 26 de junio de 2009

Por allá resopla


Enfrascado como estoy en la lectura de Moby Dick, lo que me he encontrado esta mañana me ha dejado boquiabierto y emocionado. Hay gente que guarda en la parte de atrás del jardín un coche herrumbroso, una bicicleta que no funciona, herramientas sin mango, macetas rotas, pero… ¿mandíbulas de ballena?

Los viejos marinos que merodeaban por el pequeño Museu del Mar de Vilanova no han sabido decirnos ni cuál era la especie a la que pertenecían las mandíbulas ni cuándo varó la ballena que las portaba. Sólo nos han transmitido una desolada queja acerca del desinterés que mostraba la administración pública por el patrimonio que atesora este museo (antiguas barcas, docenas de artes de pesca, armarios repletos de peces disecados, caparazones de tortuga y reproducciones de barcos, entre otras pequeñas joyas) y que se está perdiendo roído por las polillas o deshecho por el sol y la lluvia. Poca gente conoce esta pequeña institución y, salvo los marinos jubilados y sus mujeres, poca gente parece valorarla.


En la lonja del puerto de Vilanova se vendieron el año pasado 3.829.645 kilos de animales marinos que fueron vendidos por trece millones y medio de euros. No sería ninguna barrabasada que se dedicasen unos cuantos miles de eurillos en remozar el museo orientándolo definitivamente a la educación ambiental y aprovechando la experiencia y saberes varios que custodian los pescadores y marinos de Vilanova. Sería como devolverle el favor al mar y a sus gentes.

* * *

Si os acercáis a Vilanova i la Geltrú no dejéis de pasar por el Museu, ubicado en la antigua casa del farero de Sant Cristòfol, y pedidle a la amabilísima señora Àngela que os haga de guía: la visita vale la pena. No os olvidéis de dar las gracias y de comprar una revista del museo.

jueves 28 de mayo de 2009

Salamandra


A este bello –a mi juicio- anfibio se le han atribuido un buen montón de superpoderes: que su mordedura es peor que la de la víbora, que escupe veneno y fuego, que es inmune a las llamas… Vamos, que podría estar perfectamente en la nómina de la Patrulla X y rebautizarse como Xalamandra o algo así.

A uno, que viene de las resecas tierras del sureste, ver una salamandra supone una auténtica alegría… y si encima se dejar fotografiar como la que posó de manera absolutamente desinteresada para el objetivo de mi cámara… ¡el colmo!

De este animal me fascina que queden ejemplares vivos por los campos, dado lo llamativo de su librea y la velocidad –por llamarlo de alguna manera- con la que se mueve; de hecho, este último factor (la lentitud) no es precisamente un aliado a la hora de cruzar las curvas del Montseny, por lo que no es raro, en primavera y otoño, encontrar salamandras convertidas en vistosas pegatinas sobre el asfalto. Ésta de la foto también tenía vocación suicida, no sólo porque caminaba a su ritmo pachorrón de urodelo despreocupado por una vía asfaltada, sino porque lo hacía, además, a escasos metros de 150 niños en plena ebullición excursionil.

En fin, que con disimulo la dejé en el lugar donde parecía que quería ir, un buen suelo húmedo lleno de hojarasca y lombrices cerca de una charca, donde pudiera escupir fuego a gustito.

viernes 22 de mayo de 2009

Correlimos


El otro día hicimos una escapada rápida y vespertina a las playas de la Reserva Natural de Remolar y Filipines, en el Delta del Llobregat. Soplaba un poco de Tramontana fresco pero el sol calentaba la piel si conseguías protegerte del viento (no hay nada como tumbarse detrás del espigón). Mientras nos zampábamos la media piña que nos habíamos llevado como merienda los Correlimos tridáctilos correteaban en un banco de arena cercano formado en la desembocadura de la riera de Sant Climent. Algunos de ellos ya llevaban el peto cobrizo de la parada nupcial… y eso que todavía les queda un largo vuelo hasta la tundra ártica, donde harán su nido. Junto a los correlimos también andaba un Vuelvepiedras, con estupendo plumaje estival e igualmente de paso, ya que se reproduce en las costas del norte de Europa. El festival de aves de la sesión de tarde lo completaron una Gaviota de Audouin, una pareja de Cigüeñuelas, unos cuantos Abejarucos y el canto restallante del Ruiseñor bastardo compitiendo con el rugido ronco del tráfico de aviones del Prat.