lunes, 18 de agosto de 2008

Por la Sierra de Salinas ¿territorio lincero?

Hace unos días me planté, acompañado del Sr. Molina, en la Sierra de Salinas, un enclave asombrosamente poco transitado donde siempre ha rondado el fantasma del Lince ibérico. Y digo fantasma porque durante muchos años –allá por los primeros noventa-oí en no pocas ocasiones rumores, murmuraciones y comentarios sotto voce que afirmaban que el escasísimo felino merodeaba de vez en cuando por sus umbríos barrancos. Hoy día pienso que aquellos comentarios, que yo era el primero en querer creer, estarían apoyados en testigos confundidos que afirmaban haber visto al mítico gato cerval cuando quizá lo que se les cruzó en el camino fueron otros bichos parecidos, como ginetas o gatos monteses.

Ahora bien, haya o no haya lince por esos peñascos, lo cierto es que esta sierra es una auténtica maravilla. La población de rapaces conserva una extraordinaria salud, seguramente por el aislamiento de estos montes y la proximidad de campos de cultivo (grandes productores presas potenciales); durante esta última salida pudimos observar las evoluciones de una familia de cernícalos (Falco tinnunculus) y, de otras excursiones, contamos con anotaciones de Águila perdicera, Águila real y Halcón peregrino. Se ha constatado igualmente la presencia de Búho real, Cárabo y Autillo. En cuanto a mamíferos, más difíciles de detectar, es bastante probable (no contamos con bibliografía) que no falten el Zorro, el Gato montés, la Garduña, la Gineta, la Comadreja, el Jabalí… y el resto de las especies habituales que pululan por las sierras alicantinas. Lo que no tenemos tan claro es la presencia de Arruí (Ammotragus lervia)... Según un estudio del 2003 del SECEM publicado en la revista Galemys, no se ha detectado la presencia de este bóvido en la sierra, aunque su extraordinaria expansión en los últimos años lo podría haber hecho llegar hasta estos peñascos.

En el aspecto botánico se ha de señalar que la sierra conserva una pinada de Pinus halepensis como sólo se puede ver en la provincia de Alicante en la Sierra de Maigmó; en los numerosos barrancos que la recorren crecen carrascas (Quercus ilex subsp. ballota) y quejigos (Quercus faginea), una especie esta última no muy frecuente en Alicante. En general, el matorral mediterráneo está muy bien representado y la sierra presenta algunos enclaves tan sugerentes como la cueva del Lagrimal, sólo mancillada por un exceso de señalización, muy deteriorada por la lluvia, cuya presencia en las sierras levantinas parece ser una plaga de difícil erradicación.

Foto: EME'08

domingo, 3 de agosto de 2008

Cincuenta mil zapatos (viaje de una ida y de una vuelta)


Con Vicente me hice en un fin de semana más de mil kilómetros para ver, durante treinta escasos y emocionantes segundos, el único lince ibérico en libertad que me he cruzado por el momento. También he sido testigo de sus intentos de torear reses bravas en plena dehesa –con final incruento, por supuesto- y le he visto temblar las manos que agarraban con fuerza los prismáticos observando el vuelo majestuoso de un águila pescadora. Por eso no me extrañó nada que a comienzos de esta primavera se liara la manta a la cabeza y cruzara el Estrecho de Gibraltar junto con Salva, Toni y Anna para descubrir los secretos de los amplios espacios marroquíes. Sé que en el viaje pudieron disfrutar de de águilas perdiceras, tarros canelos y bulbules, que observaron cabras retrepadas en arganes y sintieron lo que es una tormenta de arena en pleno desierto del Sahara. Pero en el encuentro se toparon, además, con las gentes del Atlas… y les desbordó la hospitalidad, la generosidad y el torrente de alegría en el centro mismo de la carencia más abrumadora. Vicente cuenta que aquel encuentro cambió su forma de ver la vida y de verse a si mismo y a los demás. Ahora intenta devolver el regalo que le hicieron los habitantes del Atlas el marzo pasado y, junto a un puñado de entusiastas como él, ha cargado unos cuantos coches con cientos de gafas graduadas, juguetes, material escolar y 25.000 pares de zapatos… y para abajo que se ha ido, oye.

Foto: Wikipedia